Cuarentena.

Salvarse de un accidente, sortear de manera fortuita un evento trágico y salir ileso, sin duda es un parteaguas para cualquiera que lo haya vivido.  

Si lo estás pasando mal, recuerda que siempre habrá alguien que te escuchará y te dará una mano y si lo estás pasando estable se tú el que tienda la mano y escuche a los demás.  

Hoy salir ileso de esto, se convierte en un parteaguas, valdrá la pena aprovecharlo para saberse ser, para revalorar, para reconocer la esencia del ser humano. 

Por los que desafortunadamente ya no están con nosotros, por los que seguimos aquí y por los que podemos apoyar, una oración, queda mucho por hacer. 

Un asunto urgente

Si queremos avanzar hacia otra realidad en lo que se refiere a salud, eficiencia y bienestar; comencemos a trabajar para definir mejor esa escala de prioridades que tal vez ahora no tenemos demasiado clara. Descubramos qué es aquello que de verdad valoramos y que vamos a ver reflejado en las personas que más admiramos. En aquellas formas de ser que más nos inspiran. 

Cerremos nuestros ojos, usemos nuestra mente y percibamos como sería nuestra existencia si el velero de nuestra vida navegara siguiendo el rumbo que marcan nuestras prioridades y las velas las impulsara el viento de nuestros valores.*

* p. 61 Dr. Mario Alonso Puig en Vivir es un Asunto Urgente.

El bien y el mal

Para comenzar el nuevo año, uno de mis textos favoritos de Augusto Monterroso.

Monólogo del Mal

Por Augusto Monterroso

            Un día el Mal se encontró frente a frente con el Bien y estuvo a punto de tragárselo para acabar de una buena vez con aquella disputa ridícula; pero al verlo tan chico el Mal pensó:
            “Esto no puede ser más que una emboscada; pues si yo ahora me trago al Bien, que se ve tan débil, la gente va a pensar que hice mal, y yo me encogeré tanto de vergüenza que el Bien no despreciará la oportunidad y me tragará a mí, con la diferencia de que entonces la gente pensará que él si hizo bien, pues es difícil sacarla de sus moldes mentales consistentes en que lo que hace el Bien está bien y lo que hace el Mal está mal.”
            Y así el Bien se salvó una vez más.

Del grandioso: El Perseguidor.

“Se creen sabios porque han juntado un montón de libros y se los han comido. Me da risa, porque en realidad son buenos muchachos y viven convencidos de que lo que estudian y lo que hacen son cosas muy difíciles y profundas. En el circo es igual, y entre nosotros es igual. La gente se figura que algunas cosas son el colmo de la dificultad, y por eso aplauden a los trapecistas, o a mí. Yo no sé qué se imaginan, que uno se está haciendo pedazos para tocar bien, o que el trapecista se rompe los tendones cada vez que da un salto. En realidad las cosas verdaderamente difíciles son otras tan distintas, todo lo que la gente cree poder hacer a cada momento. Mirar, por ejemplo, o comprender a un perro o a un gato. Esas son las dificultades, las grandes dificultades.”

Julio Cortázar, El Perseguidor

8 cualidades de las personas cultas

Moscú, 1886. 

“La gente te entiende perfectamente bien. Si tú no te entiendes a ti mismo, no es culpa de ellos”, expresaba a su hermano mayor (pintor).

Antón Chéjov, a sus 26 años escribía una carta donde le sugería una serie de consejos a su hermano, que tanto se quejaba que nadie lo entendía. 

En esa carta enumeraba cualidades para distinguir a una persona verdaderamente culta, parte de la carta expresaba lo siguiente:

Las personas cultas deben, en mi opinión, satisfacer las siguientes condiciones:

1. Respetan la personalidad humana y, por lo mismo, son siempre amables, gentiles, educados y dispuestos a ceder ante los otros. No hacen fila por un martillo o una pieza perdida de caucho indio. Si viven con alguien a quien no consideran favorable y lo dejan, no dicen “nadie podría vivir contigo”. Perdonan el ruido y la carne seca y fría y las ocurrencias y la presencia de extraños en sus hogares.

2. Tienen simpatía no solo por los mendigos y los gatos. Les duele el corazón por aquello que sus ojos no ven. Se levantan en la noche para ayudar a P. […], para pagar la universidad de los hermanos y comprar ropa a su madre.

3. Respetan la propiedad de otros y, en consecuencia, pagan sus deudas.

4. Son sinceros y temen a la mentira como al fuego. No mienten incluso en pequeñas cosas. Una mentira significa insultar a quien escucha y ponerlo en una posición más baja a ojos de quien habla. No aparentan: se comportan en la calle como en su casa y no presumen ante sus camaradas más humildes. No son proclives a balbucear ni obligan la confidencia impertinente de los otros. Por respeto a los oídos de otros, callan más frecuentemente de lo que hablan.

5. No se menosprecian por despertar compasión. No tensan las cuerdas de los corazones de los demás para que los otros giman y hagan algo (o mucho) por ellos. No dicen “Soy un incomprendido” o “Me he vuelto de segunda mano” porque todo eso es perseguir un efecto simplón, es vulgar, rancio, falso…

6. No tiene vanidad superflua. No se preocupan por esos falsos diamantes conocidos como celebridades, por estrechar la mano del ebrio P., [Probablemente “Palmin”, un poeta menor de la época], por escuchar los arrebatos de un espectador extraviado en un espectáculo de imágenes, o ser reconocido en las tabernas. […] Si ganan unos centavos, no se pavonean como si estos valieran cientos de rublos, y no alardean de poder entrar donde otros no son admitidos. […] Los verdaderamente talentosos siempre se mantienen en las sombras entre la muchedumbre, tan lejos como sea posible del reconocimiento. Incluso Krylov dijo que el barril vacío da un eco más sonoro que el lleno.

7. Si tienen un talento, lo respetan. Le sacrifican el descanso, las mujeres, el vino, la vanidad. […] Se sienten orgullosos de su talento. […] Además, son fastidiosos.

8. Desarrollan para sí la intuición estética. No pueden ir a dormir con la misma ropa, ven las grietas de las paredes llenas de insectos, respiran un mal aire, caminan en el piso recién escupido, cocinan sus alimentos sobre una estufa de aceite. Pretenden tanto como sea posible contener y ennoblecer el instinto sexual. […] Lo que quieren en una mujer no es una compañera de cama. […] No piden inteligencia ahí donde se manifiesta la mentira constante. Quieren, especialmente si son artistas, frescura, elegancia, humanidad, la capacidad de la maternidad. […]. No tragan vodka a todas horas, día y noche, no huelen los armarios porque no son cerdos y saben que no lo son. Beben solo estando libres y en ocasión […]. Porque ellos quieren mens sana in corpore sano [“mente sana en cuerpo sano”].

Y así sucesivamente. Así es como son las personas cultas. Para ser culto y no quedar atrás, no es suficiente con haber leído Los papeles del club Pickwick o haber memorizado el monólogo de Fausto. […]

Lo que necesitas es trabajar constantemente, día y noche, leer constantemente, estudiar, voluntad. […] Cada hora es preciosa para ti. […] Ven con nosotros, tira la botella de vodka, descansa y lee… Turgenev, si quieres, a quien además no has leído.

Tienes que deshacerte de tu vanidad, ya no eres un niño… pronto tendrás treinta.

¡Es tiempo!

Te espero… Todos nosotros te esperamos.

Poesía del favorito

Salvo el crepúsculo, uno de los libros que conseguí hace tiempo, en esas librerías de tradición donde uno hurga con el entusiasmo de sorprenderse en cualquier instante, donde las historias de cada pieza resaltan el valor que consumo la imprenta. 

Un poema consentido de ese libro, de los últimos regalos que nos entregó: 

Después de las fiestas

Y cuando todo el mundo se iba
y nos quedábamos los dos
entre vasos vacíos y ceniceros sucios,

qué hermoso era saber que estabas
ahí como un remanso,
sola conmigo al borde de la noche,
y que durabas, eras más que el tiempo,

eras la que no se iba
porque una misma almohada
y una misma tibieza
iba a llamarnos otra vez
a despertar al nuevo día,
juntos, riendo, despeinados *

* Julio Cortázar en Salvo el crepúsculo.

Polaquita

En un paseo por el Libro de Manuel no podemos pasar desapercibidos ante la fascinación de Ludmilla, encontrada también como Lud, Ludlud, o bien polaquita.

Aquí un fragmento que la captura in fraganti:

-Ni antes ni después – ruego yo que atiendo telepáticamente a la hinchazón rubicunda de la tortilla a la vez que pongo la mesa con una velocidad meritoria, entendiendo por mesa una servilleta de papel con un dibujo violeta y media botella de tinto, más un pan apenas empezado, operaciones tiernas y simples para vos,  Ludlud, para vos ahí en tu sillón, cansada y chiquita aunque de chiquita ni medio, uno sesenta y nueve y qué te cuento del porte, pero chiquita porque yo quiero que lo seas cuando te pienso y hasta cuando te veo y te beso y te, pero eso no ahora, y el pelo de paja, los ojos verdísimos, esa ñata respingada, que a veces se frota en mi cara y me llena de estrellas y sal y pimienta, dos hojas de lechuga que sobraron del mediodía, medio tristonas porque la vinagreta fatiga el vegetal, vení a comer Lud, vení pronto comediante del viejo palomar, pedacito de cielo del este, culito lindo, aquí en esta silla y ahora hago café para evribodi, ristretto, che, ristrettissimo como un cuadrito de Chardin todo sustancia y luz y perfume, un café que condense las magias de la noche como esas canciones de Leonard Cohen que me regaló Francine y que me gustan tanto *

* Julio Cortázar en Libro de Manuel, Alfaguara Literaturas, Primera Edición, p. 66